Capítulo 2

 

La protección del ángel  

 

       Después de siete años de intensas prácticas del catolicismo a través de la renovación carismática y después de haberme casado, pedí mi puesta en disponibilidad para un periodo de dos años porque trabajaba como encargado de la disciplina en el instituto provincial. Entonces cogí el avión para los Estados Unidos de América con el propósito de mejorar mi situación financiera ya que misteriosamente mis cosas habían sido salvajemente saqueadas después de mi matrimonio. Fue precisamente en los USA, cuando me encontré lejos del núcleo del grupo de oración que las cosas se profundizaron tomando un giro inopinado. Al llegar, confié mi estancia al Señor en un ayuno de tres días conocido bajo el nombre de « ayuno de Ester. » He aquí el mensaje que recibí de él al final del ayuno: « Si no ensucias tu cama conyugal, si me permaneces fiel, si…entonces estaré contigo y conocerás éxito.» Había tantas condiciones que acabé por llamarle « el Dios del si. »

       Fenómenos inhabituales empezaron entonces a producirse en mi vida. Durante mis sueños percibía a un ser celeste que siempre estaba a mi derecha. A veces estaba vestido con una sotana blanca como un sacerdote católico y una luz blanca lechosa irradiaba de sus vestidos. A veces, era un anciano que llevaba un vestido blanco desgarrado pero muy limpio e irradiaba como el sol. Entonces, le pregunté: « ¿quién eres y qué haces siempre en mi cabeza? »  Él me contestó que era un ángel del Señor y que su deber era protegerme. En efecto, me enseñaba muchas cosas de antemano a través de sueños y visiones y esto me evitó caer en numerosas trampas. Estaba contento y su presencia me tranquilizaba. La Biblia confirma tales cosas ya que leemos: el ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los libra (salmos 33:8); Jehová es tu guardador, es tu sombra a tu mano derecha (salmos 120:5); bendeciré a Jehová que me aconseja; aun en las noches me enseña mi consciencia; a Jehová  he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra no seré conmovido. (Salmos 15:7-8)…

 

Los milagros

       Mi protección por el ángel del Señor era una misión que él cumplía con una fidelidad angélica. Me hablaba constantemente, hacía sugestiones y me avisaba de las dificultades que iban a surgir en las horas venideras. Entre mil otros milagros, citaré dos pequeños ejemplos cotidianos del tráfico. Por ejemplo, una mañana, estaba conduciendo un coche en Broadway en Baltimore cuando echó a hablar: « ten cuidado pues alguien va a cruzar la carretera. » Le repliqué que esto no iba a ocurrir porque el semáforo estaba en verde ante mí, entonces tenía la prioridad. A mi gran sorpresa, un coche verde, conducido por una mujer soltó el semáforo y se encontró delante de mi camión. Por reflejo, frené con todas las fuerzas de mi pierna y oí el crujido de los neumáticos sobre el alquitrán y por felicidad, el coche logró cruzar antes de que yo la alcanzara... Y tales cosas me ocurrieron una decena de veces y forman parte del cotidiano en los USA. Pero, sin la ayuda de mi invitado invisible, hubiera sido víctima de muchas desdichas.

        He aquí otro ejemplo entre muchos otros: el ángel me decía siempre de rezar porque una gran desdicha iba a abatirse sobre mí. Empezaba a estar harto de estas desdichas porque, cuanto más rezaba, más desgraciado era. Finalmente, empecé a creer que estas oraciones siempre atraen otras desgracias para así obligarme sólo a vivir con ayunos y oraciones. Pero mi invitado invisible me enseñaba ambulancias, policías reunidos en multitud y doctores que se debatían para salvar a un cuerpo casi muerto. Sobre todo me enseñaba una escena en la que yo atropellé como a un pequeño cerdo en la carretera y sus pulmones estaban esparcidos por el alquitrán...

Desatendí a estas amonestaciones y estuve a punto de segar vidas. Conducía en Washington DC y no presté mucha atención a los avisos lejanos de las sirenas. Yo tenía la prioridad pero al querer cruzar una intersección, me encontré frente a un séquito presidencial que conducía a alta velocidad en la Capital con unos guardaespaldas agarrados alrededor de los 4X4 color negro. Contra toda previsión, una muchacha que empujaba un bebé en su carrito cruzó la calle por razones desconocidas. Pero, habiéndose dado cuenta de la gravedad de su acción, sobrecogida por el pánico, abandonó a su carrito y huyó. La catástrofe era inevitable y Dios solo sabe cómo evité atropellar al bebé y cómo conseguí también no chocar contra el séquito de frente. Los guardaespaldas sin embargo, me hicieron señales de avisos antes de que el séquito que había desacelerado volviera a acelerar otra vez. Y el ángel del Señor se puso a decirme: te había avisado, te había avisado… No hay ningún animal errante en las calles de la capital americana. Se trataba sin duda de este bebé que se encontraba debajo de mi camión. Otros incidentes o milagros de este tipo me ocurrieron en Boston en el Massachusetts donde mi camión se encontró solo y sin conductor circulando en la autopista y gente puede testimoniar porque siempre cuento estas cosas. Sin embargo, después de haber conducido durante seis años en los USA, a razón de un promedio de 100 miles (160 KM) por día, me hallo con un buen récord según el informe del MVA (moto rand vehicul administration). Entonces no se me puede acusar de ser un mal conductor. Pero mi protección era asegurada por mi invitado invisible.

 

El ángel de Dios que canta en mi corazón 

       Desde mi niñez, después de estas apariciones de Cristo y de su madre, mi corazón siempre estaba en la oración. Cuando me despertaba de un sueño me daba cuenta de que mi corazón estaba rezando y esto continuaba incluso después de mi despertar. Oía mi corazón que recitaba unos « Ave María, Padre nuestro que estás en el cielo, salve Regina » etc. Cuando dormía o cuando trabajaba; cuando me estaba duchando o incluso cuando utilizaba los aseos, mi corazón estaba  constantemente rezando y oía estas oraciones salir de dentro de mí. 

       Cuando entraba en la iglesia, el ángel del Señor me pedía que me sentara en el fondo de la iglesia y de allí, me revelaba muchas cosas. Por ejemplo, cuando la coral se preparaba a entonar una canción, el ángel de Dios canturreaba de antemano la canción en mi corazón y cuando la coral empezaba a cantar, era exactamente lo que el ángel acababa de canturrear. Esto me llenaba de alegría y me decía que Dios sabe con antelación lo que íbamos a cantarle incluso antes de que abriéramos nuestros canticos. 

       En los USA, entre otros oficios, era conductor y realizaba entregas en las ciudades de Washington DC, Annapolis, Westminster, Baltimore y también, en  Virginia. Conducía mucho y me ocurría conducir  400 miles (640 Km) por día, sobre todo los viernes y los sábados durante los periodos punta. No era un trabajo fácil porque había que ser sólido y había que correr rápido. Cuando ve el volumen del tráfico y todos los accidentes, está constantemente bajo estrés. Pero aún y aún, el ángel de Dios me dice aparcar el camión en la acera y cantar un salmo que él me indica y que ya ha empezado a cantar. A veces esto es difícil a causa del tráfico y sobre todo porque tengo poco tiempo porque las horas de entregas están indicadas en las facturas y la cantidad de entrega es a veces importante. Cabía pues correr sin perder tiempo y suelo olvidarme de comer. Pero el ángel de Dios insiste y si me niego a obedecer por falta de tiempo, más lejos tengo un accidente. Entonces aprendí a cooperar.

 

El ángel de Dios quien me invita a la oración

       Entre medianoche y las dos de la mañana, el ángel del Señor venia a despertarme para la oración. Al llegar, me daba golpecitos en el hombro derecho para despertarme. Y si me negaba a levantarme por causa de cansancio porque trabajaba mucho, entonces como en un sueño hacía sonar el despertador y volvía a despertarme sobresaltado. Sin embargo, no lo he arreglado para que suene a estas horas. A veces, cogía sus dos manos y las resbalaba debajo de mis hombros para levantarme para la oración. Y cuando me despertaba, empezaba entonces a rezar. En general eran oraciones de alabanzas de una belleza indescriptible. Nunca, en mi vida, había oído oraciones tan hermosas de alabanzas para con el Dios altísimo. Y mientras estaba rezando, mi casa entera estaba como electrificada y llena de vibraciones. Siempre empieza sus oraciones por la misma fórmula : «  Eterno mi Dios ! » y puedo asegurarles que este ángel de Dios es un experto en la oración porque habla de la grandeza del Dios todo poderosa y revela también las hazañas del Dios temible, inmortal, invencible y solo verdadero Dios.

 

El ángel de Dios quien controla mis pensamientos

       Cualquier persona humana está siempre reflexionando siquiera sin darse cuenta de ello. Sólo es un parte ínfima de nuestros pensamientos los que se traducen par actos conscientes. En cuanto a mí, tengo un espíritu soñador y cuando empiezo a reflexionar es difícil detenerme y siempre voy muy lejos. Pero cuando mis pensamientos se inclinaban hacia el mal, el ángel de Dios vigilaba y recibía una descarga eléctrica en mi corazón. Esto me sacudía y me hacia volver a las realidades. El profeta del grupo de la renovación carismática de mi iglesia me reveló que él también vivía tales experiencias. Y cuando cometía un pecado por inadvertencia, no tardaba en darme cuenta de ello porque, a la manera de un termostato, mi corazón empezaba a rezar automáticamente sin que yo tenga ninguna intención de rezar. Lo oía decir unos « confieso a Dios... »

       Hubo un año durante el cual el miércoles de cenizas coincidía con el ramadán de los musulmanes. En vez de observar el cuaresma con la comunidad católica, decidí festejar con mis numerosos amigos musulmanes ya que la Biblia dice de alegrarse con los que se alegran (Romanos 12:15). Pero, a eso de las catorce horas, oí algo que sollozaba en mi corazón y pedía perdón a Dios por el pecado que acababa de cometer al no observar la cuaresma. Esto me turbó y me arrodillé para reconciliarme con Dios. A menudo, cuando me pregunto interiormente la que voy a hacer de mi día, la respuesta me viene enseguida del ángel de Dios. Por un poder misterioso, controlaba mis pensamientos como si fuera integrado en mi espíritu.

 

La audición a distancia

       Cuando llegué a los USA, los principios fueron difíciles porque caí enfermo y pasé tres veces sobre la mesa de operación para mis ojos que amenazaban con volverme ciego. Atravesé periodos de grandes sufrimientos que daban a mi aventura el cariz de un fracaso y esto alegraba a mis enemigos quedados en África. Hubo momentos en que, acostado en mi habitación, oía sus burlas. Oía claramente la voz y las palabras de cada uno. Se reían a carcajadas, repetían lo que decían los rumores sobre mis desgracias en los USA, y me insultaban. Estaba ahí y seguía estos acontecimientos a miles de kilómetros. La Biblia confirma tales posibilidades: y mirarán mis ojos sobre mis enemigos, oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos (salmos 91:12).

       Entonces, llamé a dos amigos pastores para revelarles cuánto mis enemigos se alegraban de mi desconcierto. Uno me contestó que el Señor es capaz de hacerles callar de una vez. El otro me dijo que el Señor reveló estas cosas, esto significa que está a punto de poner remedio a mi situación. Veía también a mi mujer que había quedado en África y leía los pensamientos que emitía. En general estaba enojada, pensaba dejar mi casa a causa de mi ausencia prolongada… A menudo, la llamaba para revelarle lo que ella proyectaba hacer y se enfadaba diciendo: cómo puedes estar allí y saber lo que está pasando en mi corazón. Pero yo tenía razón porque al final, ella ejecutó lo que meditaba en su corazón.

 

Las apariciones mariales

       El 28 de Abril de 2004, primer viernes después de Pascuas, recibí aún en sueño la visita de la Virgen María. En el sueño, me encontraba en la iglesia María Reine en la parroquia « Saint François Xavier » de Tenkodogo. Había muchas personas que estaban rezando en la iglesia y mi atención se llevó hacia un grupo de mujeres que recitaban el rosario delante de la estatua de la Reina de los cielos. En un momento dado, noté que la estatua de la Madona acababa de moverse haciendo ademanes como si fuera viva. Entonces eché a gritar y a llamar la atención de la asamblea sobre este milagro. Decía: ¡Miren! la estatua de la Virgen María se ha movido; ¡sí, la vi hacer movimientos! en el mismo momento, percibí a un anciano parado cerca ce mí. Era de estatura pequeña, tenía una cabeza calva y estaba vestido con un largo vestido blanco. Luego este anciano me dijo: « cuando una persona reza la Virgen María y que se comporta de esta manera, esto significa que esta persona está salvada de verdad. » Entonces, dotado de esta revelación salvadora, me puso a interpelar a la Virgen con todas mis fuerzas. Gritaba así: ¡Santísima Virgen María! ¡Santísima Virgen María!

        Seguía hablando al grupo de mujeres que se habían reunidas alrededor de la estatua y parecía muy ocupada. Pero a mi tercera interpelación, dio la vuelta hacia mí y ya no era una estatua sino una mujer de gran tamaño, muy fuerte y centelleaba como un metal plateado. Ella me fijó con la mirada durante un tiempo que me parecía interminable como si estaba leyendo algo en mi cabeza. Estaba triste y leía en su mirada  algo indefinible como ira o indignación. Pensé que tal vez no le gustó la manera en que la llamé en la iglesia. Y mientras intentaba yo también analizar su mirada, se puso a sonreír y me dijo: « guarda la fe porque todo se arreglará para ti; pero sepa que cualquier poder viene de Dios. » Luego, juntó sus manos por las palmas en postura de oración, levantó los ojos hacia el cielo, y silenciosamente, rezó por mí y en este mismo momento desapareció, ella, así como todos los que la habían acompañado. Luego, me desperté.

       Acababa justo de ver a la madre del divino salvador y ella me aseguró que todas mis dificultades hallarán un feliz desenlace y mejor que esto, ella rezó por mí y me dio un mensaje. Eran las dos de la mañana y pasé horas bailando en mi habitación y cantando todos los cánticos de María que tenía. Los dos años que siguieron, tuve otras apariciones pero ésta era la más importante.

 

Las visiones

       Tomé la costumbre de hacer veladas de oraciones como las hacíamos en la renovación carismática católica. Durante mis oraciones, oía siempre el trueno  que bramaba. A veces era fuego que descendía del cielo y consumía como un montón de hierba en la tierra antes de volver a subir al cielo. A veces eran niños cual bebés que descendían en mi habitación, llevados por un carro. En general eran tres niños. Dos estaban sentados en las extremidades  del carro y uno de ellos, de pie en medio, estaba enfrente de mí y llevaba en manos las cuerdas del carro por el cual habían bajado hacia mí. Las visiones se repetían a un ritmo acelerado e incluso, cuando duermo sigo recibiéndolas.